CAMBIAR PARA NO CAMBIAR NADA  

En cualquier aspecto de la vida, realizar un cambio significa dejar de hacer algo que no funciona para intentar mejorar. Pero la política peruana vive en una realidad paralela que nos ha acostumbrado a cambiar para no cambiar nada. Lo que raya en la estupidez, es generar crisis sabiendo que el resultado será peor.

La destitución de José Jerí, acorralado por un Congreso sin autoridad moral, y la elección de ese mismo Congreso del nuevo presidente del partido Perú Libre, es el mejor ejemplo de que todo sigue igual. Mientras tanto, el ciudadano sigue sin medicinas, sin seguridad, sin educación, ahogados por un estado burocrático y a la espera de ese cambio  que parece nunca llegar.

Estudios indican que más del 80% de los peruanos exige un cambio total en la forma de hacer política, que nos ha asfixiado durante décadas, gracias a la mafia caviar.

Un cambio de ciclo no significa volver al pasado. Los peruanos no quieren los mismos apellidos de siempre, ni aventuras con cómicos o improvisados, y mucho menos a las candidaturas populistas de izquierda, disfrazados de corderos con pensamientos muy cercanos al comunismo. Ejemplos como la candidatura de López Chau o Pepe Luna, que dicen representar el cambio pero que realmente será elegir un presidente para que nada cambie.

La pregunta que todo peruano debe hacerse es, ¿ha disminuido la inseguridad? ¿hay mejor salud o educación? ¿hay menos anemia? ¿hay libertad para emprender? La respuesta es un rotundo NO. Por eso lo importante es darnos cuenta de los “lobos que vienen con disfraz de cordero”.

El cambio que el Perú necesita no vendrá de otro arreglo bajo la mesa ni de poner «banderitas de colores» en redes sociales. El verdadero cambio es recuperar la libertad, es el desarrollo, la prosperidad, el respeto a la familia, un Estado más chico, es soberanía. Por eso no hay que confundirse. Los populistas de izquierda siempre son magníficos vendedores, o mejor dicho, estafadores de la política.